“¡Niño! ¡Te he dicho un millón de veces que NO se pega! “

Vociferó el padre al tiempo que le aventaba un sonoro sopapo a su hijo quien lo recibió impertérrito, con torcida mirada desafiante.

Una suerte de mensaje dual tan ineficaz como pauta educativa como lamentablemente frecuente en nuestra sociedad.

¿Cómo podemos pretender que nuestros alevines aprendan a evitar la violencia cuando se les instruye con violencia?

Si cuando me pegan aprendo a no pegar, significa que pegar me ha ayudado a aprender y si me ha ayudado a mí, también puede ayudar a los demás..

Este sencillo heurístico cognitivo lleva de forma inequívoca a que, quien recibe el mensaje dual, se decante rápidamente por aprender lo que ve en detrimento de lo que se le dice.

La base de la ineficacia de este fenómeno reside en la enorme efectividad de una de las más potentes estrategias de modificación conductual y aprendizaje puestas de manifiesto por las corrientes pavlovianas de la psicología; el modelado.

El modelado no es nada inventado por los psicólogos. Más bien es un fenómeno ampliamente estudiado por los que nos dedicamos a esta labor. De hecho, es quizás la más arcaica forma de aprendizaje de la historia de los seres vivos. Uno de los fenómenos que, a juicio de los biólogos, mayor impacto tuvo en la diferenciación de los seres humanos respecto del resto de las especies.

El modelado consiste en la imitación. La capacidad de observar una conducta y repetirla con el fin de conseguir un resultado adaptativo.

Desde fomentar hábitos higiénicos hasta enseñar habilidades más complejas como las habilidades sociales, el uso de la técnica del modelado es una práctica habitual en las consultas de psicología, tanto con población infantil como adulta, y es que nada se aprende más fácilmente que cuando lo observamos en nuestro modelo.

Pero este fenómeno no es precisamente artificial como puede ocurrir entre las paredes de un gabinete, sino que ocurre en todo lo que nos rodea; familia, amigos, compañeros, medios de comunicación… La sociedad nos rocía de forma continua con modelos de conducta que se supone son deseables para nosotros. Y nosotros los imitamos.

Qué duda cabe de que nuestros principales referentes sociales, nuestros modelos-objetivo, aquellos que se consideran representativos de cómo deberíamos comportarnos y a los que se les supone una actitud cuasi-paternal de protección y defensa de todos sus ciudadanos son los políticos.

Es por ello que, cuando observamos, que nuestros representantes parlamentarios nos inculcan que debemos ser buenos ciudadanos, comportarnos de forma cívica y pagar religiosamente nuestros impuestos, pero que a su vez, de forma dual, se insultan, descalifican y agreden en los parlamentos y que los principales responsables de las arcas del Estado son imputados por descomunales fraudes fiscales, optamos por decidir entre ambos mensajes opuestos.

En esa batalla cognitiva, la palabra está vencida. Hacemos lo que vemos.

Mientras Hacienda seamos todos, estaremos modelando un Rato.

Roberto Somavilla Olivera. Psicólogo en PSINERGIA.

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